Envidia de nieve

Artículo de opinión publicado en Diario de Cádiz, el 03-12-2010

La nieve –como enseñan los cuentos–es algo excepcional y mágico. Cae sobre el mundo de las manos de dos hechiceras –la Reina de las Nieves y la Bruja Blanca–, transformándolo en un escenario digno de hada cursi. Para tropicalitos y familia –en conflicto diplómatico con tales damas– la nieve multiplica su aliento de fuerza paranormal. Viendo las estampas propias de El día de mañana que tiñen el hemisferio estos días, uno no puede menos que sentir envidia. Fascinación, envidia y un febril deseo de coger un tren a algún lugar con hipotermia. Porque la nieve cruje tiernamente y huele a chimenea. Porque por fin puede uno rebozarse con gorros, bufandas y guantes. Porque, con nieve en el suelo, el cielo brilla como nunca. Porque las cosas se hacen más frágiles y ganan en fotogenia. Porque andar en lo frío te revitaliza. Porque aumenta la sensación de refugio. Porque es cierto que todo parece Narnia, Narnia al alcance de la mano, más cerca que nunca. Qué bien lo sabía Tim Burton.
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